Comunicado de prensa 035/2003

La participación de particulares en la educación, signo de modernización; han sido los grandes vencedores a la partir de la reforma constitucional de 1992

Dictó conferencia la historiadora Valentina Torres Septién

Toluca, Estado de México, 15 de junio de 2003.

A partir de la reforma constitucional de 1992, con la cual se buscó atender las inquietudes de los grupos conservadores, se dio apertura a los sectores religiosos y culturales en la escena educativa nacional, de ahí que la educación privada ya no sea percibida como una amenaza para el Estado, sino como signo de la necesaria modernización de la sociedad mexicana, en la que, sin duda, los particulares han sido los grandes vencedores.

Así lo afirmó Valentina Torres Septién, investigadora de la Universidad Iberoamericana, al ofrecer su conferencia "La educación privada en México", como parte de las actividades académicas del diplomado "Historia de la educación del Estado de México", que coordina Elvia Montes de Oca Navas, investigadora de El Colegio Mexiquense, A.C.

Con base en una análisis histórico desde la época colonial, destacó los cambios que se dieron a partir de los años 60 del siglo xx, con el Concilio Vaticano ii, cuando la Iglesia católica reafirmó su misión específica de promover la educación cristiana entre todos sus fieles y confirmó su "incuestionable derecho a abrir escuelas precisamente en cuanto que es servidora de todos los hombres".

A partir de puntos de vista diferentes a los que se han sostenido en diversos medios, incluido el académico, en relación con la educación privada y religiosa, en especial en los últimos años, Torres Septién subrayó que ese tipo de educación es un conjunto heterogéneo de escuelas, que, comparadas con el total nacional educativo, no supera 10 por ciento del servicio nacional en los diversos niveles.

Dijo que ciertamente la educación privada ha ejercido una influencia considerable, sobre todo en la formación de ciertos sectores sociales, lo cual ha sido patente en la labor de la escuela católica, que logró mantener a través de sus colegios la cultura, la tradición y los valores de la Iglesia católica, cuando menos hasta la década de los 70.

Al principio de su conferencia, Torres Septién se preguntó por qué se conoce la historia de la educación pública, pero no la de la educación privada, y aceptó que referirse a esta última es hablar de un problema de carácter ideológico, pues la separación entre ambas fue el resultado de una tensión ejercida tanto por la Iglesia católica como por el Estado.

La historiadora se detuvo en varios momentos desde la Colonia hasta el siglo pasado, pasando por la Independencia, la Reforma, el Porfiriato y el conflicto que llevó a la guerra cristera, pero atendió en particular la aparición de los libros de texto gratuitos durante el sexenio de Adolfo López Mateos y la reforma educativa de 1973, en la administración de Luis Echeverría Álvarez, cuando entró en vigor la Ley Federal de Educación.

En ambos momentos volvió a haber tensiones entre la Iglesia, las escuelas particulares y la Unión Nacional de Padres de Familia, nacida en la segunda década del siglo XX, por la obligatoriedad del libro de texto, en el primer caso, y por los contenidos de los libros de ciencias sociales y ciencias naturales, que para la UNPF contenían "una ideología tendenciosa, socializante y tendente a desembocar en un comunismo ateo", citó.

La estudiosa se refirió a esa suerte de convivencia mutuamente conveniente que se ha dado históricamente entre el Estado mexicano y la Iglesia católica a lo largo de la historia, y entre educación pública y privada, la cual ha sido considerada en diversos momentos como necesaria para atender a ciertos sectores con capacidad económica para pagar la formación que quieren para sus hijos.

En la sesión de preguntas y respuestas con los alumnos del diplomado -el encuentro tuvo lugar en el Museo taller Nishizawa- admitió que en especial en el nivel superior, la educación privada ha devenido en negocio y destacó el poder económico de, por ejemplo, los Legionarios de Cristo, que han abierto planteles incluso fuera de México con una concepción diferente a la que, a su juicio, han tenido otras órdenes religiosas, como los jesuitas y los maristas, a las que anteriormente señaló como convencidas de que la escuela era prioritaria pero no como había funcionado hasta antes del Concilio Vaticano II.