Comunicado de prensa 009/2006

Los dirigentes religiosos de México, sin representatividad ante los creyentes en materia de moral pública

*Hay que vigilar a los políticos y no pelearse con la Iglesia: Roberto Blancarte

México, D. F., 30 de junio de 2006.

En México, los dirigentes religiosos no son necesariamente representantes morales de la población, afirmó Roberto Blancarte Pimentel, director del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México y asesor de El Colegio Mexiquense, A. C., quien sustentó su afirmación en el hecho de que mientras jerarcas y ministros religiosos están en contra de la anticoncepción de emergencia, la mayor parte de los creyentes ciudadanos están a favor de la misma, lo cual quiere decir —asentó— que ni siquiera en materia de moral pública los dirigentes religiosos representan a los creyentes.

En su conferencia magistral "Principios de la laicidad", ofrecida en el curso de verano "Fomentando las libertades laicas", coorganizado por esas dos instituciones y el organismo Libertades Laicas, el especialista difundió una definición de laicidad diferente a la que surgió en Francia vinculada con las ideas de república y separación de Estado e iglesias. Los investigadores Micheline Milot, canadiense; Jean Baubérot, francés, y el propio Blancarte Pimentel, dijo éste, proponen una definición actual que recoge observaciones de muchos casos, sobre la base de la existencia de los estados laicos occidentales.

Los principios que la sustentan incluyen el respeto a la libertad de conciencia y su práctica individual y colectiva, que implica libertad de adherirse a una religión o a convicciones filosóficas, incluidos el ateísmo y el agnosticismo, así como el reconocimiento de la autonomía de la conciencia individual, de la libertad de los seres humanos y su libre elección en materia de religión y de convicciones.

Asimismo, la libertad del orden político para elaborar normas colectivas sin que ninguna religión o convicción particular domine al poder y las instituciones públicas. En este sentido, la autonomía del Estado implica la disociación de la ley civil y las normas religiosas o filosóficas particulares, pues busca que las normas de la colectividad no estén condicionadas por una determinada doctrina religiosa, añadió.

Blancarte Pimentel explicó que las libertades religiosas, por lo menos en el mundo occidental, no fueron garantizadas sino hasta que existió el Estado laico, y, detalló, el tercer principio de la laicidad es que la libertad y la igualdad no deben ser solamente formales, sino traducirse, como práctica política, en la vigilancia constante contra la discriminación de los seres humanos en el ejercicio de sus derechos, particularmente los ciudadanos, sin importar la pertenencia o no a una religión o a una filosofía.

Ante investigadores y estudiantes de países de América Latina y Canadá, aseguró que aunque se viva en países donde hay una absoluta mayoría de creyentes de una religión, deben ser respetadas todas las creencias, y subrayó la importancia de distinguir entre creyente y ciudadano, y entre Estado e iglesias, pues finalmente un Estado laico trata con ciudadanos sin hacer distinción de las creencias de éstos.

El asesor del Programa Interdisciplinario de Estudios sobre las Religiones de El Colegio Mexiquense, A. C., reconoció como riesgo de la democracia moderna y del Estado laico a la tentación del poder político de buscar formas de legitimación religiosa, cuando la única forma legítima es la voluntad del pueblo.

Añadió como riesgos socavar el poder de los ciudadanos y el sistema político democrático, y que la sociedad civil, en lugar de vigilar a los representantes políticos y los funcionarios públicos, concentre sus principales esfuerzos en luchar contra las iglesias y las agrupaciones religiosas.

Esto es muy común en organismos de defensa de derechos civiles y de derechos sexuales y reproductivos, cuando se enfrentan a las organizaciones religiosas, en particular la Iglesia Católica, en vez de ocuparse de la consolidación del sistema democrático, pues debe hacerse entender a los políticos que es de los ciudadanos, creyentes o no, de donde proviene su verdadera autoridad.

El curso de verano "Fomentando las libertades laicas" se realizó a lo largo de dos semanas en El Colegio de México, e incluyó conferencias magistrales, conferencias, seminarios, talleres y exposiciones-debate, así como la presentación de la "Declaración universal sobre la laicidad en el siglo XXI" por parte de Jean Baubérot, Micheline Milot y Roberto Blancarte, misma que fue leída y comentada en diciembre pasado en una sala del Senado francés.