Comunicado de prensa 022/2013

La medición del tiempo, obsesión de grupos prehispánicos

Dicta el maestro Raymundo Martínez conferencia en UAEMéx


comunicado022a 2013El maestro Raymundo Martínez García, profesor investigador de El Colegio Mexiquense A. C. dictó, en la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma del Estado de México, la conferencia denominada El calendario prehispánico y la fiesta del fuego. Asimismo presentó la exposición La cuenta del tiempo en Mesoamérica.

Mencionó que los grupos prehispánicos tuvieron a la lluvia y al tiempo como principales obsesiones, el tiempo en dos acepciones: la meteorológica y la cronológica. Explicó que la creación de un calendario responde a la necesidad de medir el tiempo, puesto que sin él los eventos parecieran caóticos; con él se buscaba la regularidad y fue el entorno quien permitió a los pueblos ordenar de alguna manera los acontecimientos.

Martínez García se refirió a la importancia del calendario para los pueblos cazadores y recolectores, para quienes era importante saber en qué época podían “visitar la casa de los dioses”, es decir en qué tiempo podían recolectar algunos productos que servían para la manutención, también de la medición del tiempo dependía el éxito de los pueblos agrícolas.

comunicado022b 2013Asimismo se refirió a las evidencias más tempranas del uso del calendario, explicó que surge ligado al ejercicio del poder, puesto que en mesoamérica se observan las primeras sociedades estratificadas, donde la administración del culto, las obras públicas y el establecimiento del tributo requirieron los primeras registros de las dinastías. En San José Mogote, Oaxaca, se encontró una lápida con un personaje que presenta el torso abierto y junto a él se consigna el glifo “uno temblor”, lo que representa evidencia de la presencia de glifos calendáricos, además de la idea de que los personajes recibían el nombre del día de su nacimiento.

Explicó la configuración de dos de los calendario mesoamericanos, el de 260 días, resultado de la combinación de 13 numerales con 20 signos, estos últimos con variaciones dependiendo de los pueblos. Esta cuanta se denominaba de los destinos y era de tipo mántica y adivinatoria.

El otro calendario, tiene una cuenta de 365 días y funcionaba, igual que el anterior, con la combinación de 13 numerales y 20 signos con la diferencia de que no detiene la cuenta en 260 sino que continuaba y se dividía en 18 veintenas, a las que se agregaban cinco días considerados de mala suerte o vanos.

Asimismo se refirió a la concepción del tiempo para los prehispánicos, en la que se pensaba a éste como un dios que transitaba constantemente por la tierra a su paso entre el inframundo y el supramundo.